Posts Tagged ‘destino’

moby dick


30 Jul


20110525145932moby dick o la ballena

A mediados de 1851 Herman Melville termina Moby Dick. Escribe entonces a su amigo Hawthorne:

«Pero la verdad es la cosa más tonta que hay bajo el sol. Trata de ganarte la vida con la verdad… e irás a comer a una institución caritativa. ¡Dioses! Si un pastor se atreviese a predicar la verdad desde su púlpito, no tardarían en echarlo de su propia iglesia empalado en la barandilla del estrado… La verdad resulta ridícula a los hombres.»

Melville prefiguraba así su futuro. Moby Dick, una de las grandes novelas de la literatura de todos los tiempos, sería rechazada por el público sin paliativos. En un artículo anterior, Melville parecía entrever esa oscura derrota de su obra más querida:

«Un escritor agradable, con un estilo agradable, un hombre inofensivo y secuestrado del que difícilmente se anticipará algo profundo y de peso. (…) Es mejor fracasar en originalidad que tener éxito en imitación. El que nunca ha fracasado, ese hombre no puede ser grande. El fracaso es la verdadera prueba de grandeza.»
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cuentos de otros


23 Jun

adriaen van ostade - el maestro de escuelacuento de una novela (fragmento)

La escuela huele a leña seca; las tablas del suelo, grises durante el invierno, parecen reverdecer de pronto, brillantes en las zonas de paso. Es abril, el primer día, la primera semana. El maestro está sentado en su mesa mientras espera; como de costumbre, tiene un libro abierto entre las manos. Las risas infantiles y el latido de la madera bajo las pisadas alcanzan la tarima y lo envuelven como un aura. Los niños se apresuran entre los pupitres, estorbándose para ocupar sus puestos. El maestro finge severidad mientras observa, feliz en su interior, cómo se va apaciguando el alboroto que inicia la jornada.

Quedan sitios libres ahora: la clase ha perdido alumnos, entre los mayores sobre todo. Ésos ya no volverán ni serán relevados por los que vengan de fuera, tampoco tres de los pequeños. El maestro se obliga a contar uno por uno los huecos vacíos, lo hace despacio, como si fueran heridas abiertas en su propio cuerpo: siente el aire frío pasar y demorarse a través de ellas, escucha sus voces todavía, dice sus nombres, los recuerda a todos. No se lamenta, no cree tener ese derecho: en realidad, el lugar nunca ha estado en disputa, las bajas han sido muy pocas comparadas con las sufridas por otros pueblos. (más…)

libro de la pausa


01 Mar

locurala conjura de los treinta y seis (fragmento)

—La oferta, los treinta y seis… Cuando uno llega a esa clase de formulaciones, uno interioriza que lo mismo importa aquello como su contrario, de modo que uno valora las propuestas por lo que tienen de sugestivas, disparatadas si lo prefiere, no por su entraña ética o por su trascendencia, y ni siquiera por los beneficios que puedan reportarle.

—¿Qué oferta? ¿Qué?…

—Usted sabe.

—¿Yo?…

—Uno es escritor o cualquier otra cosa semejante, ya le dije; uno cree que debe configurar sus actos a la medida de su razón estética; uno apuesta porque esa es la materia de la que está hecho; de ahí que uno emplee todo su… —y abrió los brazos con el ademán de quien da un tema por agotado—: Pero sobre esto ya hablamos: de la luz que ciega, de la caída, de que muy pocos se incorporan… Usted ya sabe… (más…)

markham


19 Jul

markham

(En Londres; en Tabernacle; dormitorio; noche; él, pronto memoria de ella: el intruso profana las tablas a tiempo de contemplar el sacrificio; el hacedor se incorpora, concluye la escena, el acto prosigue; hasta el fin no habrá descanso.)

Se atrevió a remover el agua de mi estanque.

 

Subió a la acera y se amparó junto a los edificios. Entorpecido el esplendor de la luna, la sombra desapareció. El intruso tomó aliento, su mano se relajó sobre el metal.
Avanzó: Farringdon al fondo, en breve el ferrocarril y Aldersgate, y… Se detuvo, inquieto… Quizá… Pero no: imposible.
El intruso empuñó el revólver: dio varios pasos mientras escuchaba.
En las estribaciones del siguiente cruce, nítida, la sombra regresó.
A su espalda, más atrás, la réplica ominosa de su propio caminar.
El intruso tensó los músculos.
La réplica progresó.
El intruso crispó el dedo sobre el gatillo.
Múltiple, su sombra se bifurcó entonces a sus pies.
Y a su espalda, tan cerca.
Tardó apenas en volverse, esgrimiendo el arma.
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la escritura infinita


05 Mar

La escritura infinita

Si el honor y la sabiduría y la felicidad no son para mí, que sean para otros. Que el cielo exista, aunque mi lugar sea el infierno.

J. L. Borges, La Biblioteca de Babel

La red (que otros llaman la nube) es redundante; se compone de un número impreciso de pares de cobre y cables de fibra óptica, conectados entre sí y con el resto mediante puestos de control, donde equipos informáticos normalizados, aunque de muy diversa capacidad de proceso, verifican los protocolos y cierran los circuitos. En cada puesto, un individuo o varios participan libremente: algunos sólo miran o se asoman, otros ejercen funciones que van de la mera vigilancia, pasando por el filtrado de datos, hasta llegar, señalados por la excelencia, a la creación e introducción de contenidos. Desde cualquiera de esos puestos es factible comunicar con sus equivalentes, en cualquier momento, a cualquier distancia, sin más criterio que la curiosidad o el deseo, y sin que las sesiones así establecidas deban circunscribirse a un grupo de interlocutores o transcurrir en un intervalo de tiempo prefijado. Los enlaces no son unívocos, pueden desarrollarse a través de pares y fibras diferentes, procurando que ello no minore su eficacia ni modifique los resultados. La combinatoria predice que la cantidad máxima de esos enlaces tiende a limitarse, pero en la práctica y para todo valor real, nadie ha podido demostrarlo, tampoco proponer un modelo matemático lo suficientemente estable donde ensayar esa u otra conjetura.  (más…)

la conjura de los treinta y seis


14 May

Escúchame entonces: volver al lugar donde creímos razonable nuestra esperanza, corregir desde allí cada paso equivocado que nos alejó del resto; he ahí mi ejemplo: asumir que a todos nos cumple la hora y el destino se nos revela a través de un antagonista con más talento y menos que perder de lo que nosotros estamos dispuestos; asumir que nuestros labios y nuestras manos olvidarán la destreza primera y acabarán por vacilar sobre el papel en el que se justifican, las frases ya no se acumularán frente a los ojos a la espera de su turno en la tinta, muchas palabras sabrán de la arbitrariedad usada al escogerlas y retrocederán avergonzadas para enmudecer en secreto, luego huirán a cualquier parte haciendo lo imposible por refugiarse lejos de nuestra imaginación, a salvo de nuestros empeños, y con ellas, desde los huecos que vayan dejando, apenas adheridos como besos sobre la piel seca, el amor y las ideas irán poco a poco desprendiéndose hasta caer y desvanecerse en la superficie de un blanco mar inmóvil, sin dejar más estela que la confusión desolada de quien ha perdido algo irreemplazable y no recuerda lo que era.

Llegar a eso, dar batalla por un sueño para acabar ahogándose en la propia memoria y no saberlo. ¿Qué importan entonces esos tipos del fondo, el de las sombras, su triste ceremonia entre iguales? ¿Qué importa el camarero, (más…)

josé mª menéndez

porque leer es un arte…