Posts Tagged ‘amor’

la gorda del anuncio, el femenino sindicato y la nueva sexualidad


24 Mar

Grecia, siglo II a.c. Las tres graciasde lo que viene siendo

la gorda del anuncio, el femenino sindicato y la nueva sexualidad

Se sabe ahora que una gorda de toda la vida es una mujer de silueta ancha, una mujer baja es una mujer con un hándicap vertical y una mujer con lorzas y celulitis es otra mujer con un hándicap, pero horizontal. La lengua es lo que tiene cuando se la trabaja con voluntad, que se estira y se amolda.

Viene la cosa de un anuncio televisivo. Una modelo con cuerpo de junco se cimbrea ante el espectador. Cuando el espectador se pone las gafas, la modelo gana nitidez y veinte kilos. Una ficción menor, casi infantil, que el femenino sindicato ha tomado por depravación y por crueldad mental.

Fuera del notable error de concepto (poco va a vender la idea de una óptica que engrasa las imágenes por demás), importa el asunto, la trama argumental. Hacemos aquí por abundar al respecto, viendo el modo de espigar entre el sebo y el magro, al menos de rescatar alguna proteína esencial.

Dice el femenino sindicato que no todas las mujeres tienen la talla de la modelo en sazón, y no por eso son peores. Dice también que el anuncio las describe como meros objetos de placer. Dice que se perpetúan estereotipos mezquinos sobre el sexo, que discrimina, que ofende y desprecia. (más…)

libro de la pausa


01 Mar

locurala conjura de los treinta y seis (fragmento)

—La oferta, los treinta y seis… Cuando uno llega a esa clase de formulaciones, uno interioriza que lo mismo importa aquello como su contrario, de modo que uno valora las propuestas por lo que tienen de sugestivas, disparatadas si lo prefiere, no por su entraña ética o por su trascendencia, y ni siquiera por los beneficios que puedan reportarle.

—¿Qué oferta? ¿Qué?…

—Usted sabe.

—¿Yo?…

—Uno es escritor o cualquier otra cosa semejante, ya le dije; uno cree que debe configurar sus actos a la medida de su razón estética; uno apuesta porque esa es la materia de la que está hecho; de ahí que uno emplee todo su… —y abrió los brazos con el ademán de quien da un tema por agotado—: Pero sobre esto ya hablamos: de la luz que ciega, de la caída, de que muy pocos se incorporan… Usted ya sabe… (más…)

el eterno masculino, las despedidas de soltera y el gang bang dominguero


13 Ene


Serge Marshennikov - óleode lo que viene siendo

el eterno masculino, las despedidas de soltera y el gang bang dominguero

Se sabe ahora que el eterno femenino ha salido de cuadro. Los hombres hemos caminado desde la dulcinea medieval, mantecosa y discreta, hasta la adoratriz romántica, más lánguida y poco hecha. Venimos hoy en la asténica posmoderna, tan dispuesta para el sexo como panadera en su práctica.

El eterno femenino, si se mira con distancia, revela antes un catálogo de aberraciones masculinas que de virtudes femeninas. No es digna una imagen mental de la otra que se complace dibujándola ausente de razón, ofrecida cuando interesada, trastornada por un chorreo variable de hormonas.

Otra cosa es si se mira con malicia, que entonces el eterno femenino gana idea de conjura; deja de ser reservorio de pajilleros y se resuelve en trama religiosa, una ofrenda sacrificial donde las víctimas compiten por ser las mejores pregonando como doctrina justamente aquello que las degrada. (más…)

la otra, la misma


02 May

la otra, la misma

(usurpación de identidad…)

Leemos una nota de prensa sobre el asombroso caso de una mujer en edad  contable que se hizo pasar por su hermana gemela. Decimos asombroso porque concurren extremos fuera de toda lógica formal. Uno de los más relevantes, que la suplantación solía producirse a costa del novio de su hermana, aprovechando discusiones previas habidas entre la pareja, momentos de distanciamiento que la fementida utilizaba para interpretar la reconciliación, disolver la bronca y restaurar la intimidad.

Esto es grave, nos parece, porque degrada los vínculos sexuales, su esencia, o al menos la esencia de la condición femenina, su celebrada exclusividad. Es decir, tras consumar los reencuentros sin apreciar discordancias, una vez conocido el fraude, ¿qué posibilidades tiene el novio de sobreponerse a la impostura y rehacer su vida cuando le ha sido revelado un arcano metafísico estremecedor, a saber, que dado un cuerpo igual, todas las mujeres se muestran también iguales en lo demás?

(más…)

memoria del odio


27 Nov

memoria del odio web

«A amar se aprende, hijo»

Las órdenes fueron obedecidas: se planificó la estrategia y se dispusieron los medios. En días sucesivos, decenas de emisarios salieron a caballo para divulgar la noticia. Eran soldados, los mejores jinetes, los más audaces, pero su oscura embajada los precedió, y en ninguna parte del territorio lograron beneficio. Llamaron a las puertas de los magos y de los hechiceros: primero, los tentaron con oro a cambio de su ciencia; más tarde, amenazaron con vengarse de quienes rehusaran. La mayoría escuchaban la oferta y se alejaban tras oponer su ignorancia; quienes aceptaban, intimidados o por la fuerza, huían durante el viaje, o desaparecían antes de emprenderlo, sin que nadie supiese dar cuenta de sus razones ni de su paradero.

Infatigables, los soldados cruzaron las montañas y acudieron a otros reinos. Visitaron cuevas habitadas por dioses cincelados en piedra; vivieron entre ellos, apelaron a su juicio y recibieron el desprecio por respuesta. Hubo quien se obligó a frecuentar a los eruditos y a escucharlos: pero regresó al palacio sin más resultado que un diario indescifrable. Hubo quien, siguiendo misteriosas indicaciones, llegó hasta las columnas de pórfido que franquean el oráculo de todo conocimiento, traspuso el umbral y suplicó ayuda: pero el silencio y la palidez de los mármoles consumieron su paciencia. (más…)

la esfinge sin secreto


29 Ago

picasso-violación

la revolución prescindible

leemos que…
(los hombres necesitan…)
y se nos ocurre que…

no sabemos si al hombre le hace falta una revolución sexual, dos o taza y media

sí sabemos que a la mujer, adentrada en la suya, el mundo real no le ha sentado nada bien: la “esfinge sin secreto” de wilde es hoy, tras su liberación, irreversiblemente complicada sin ser interesante

al final, el mito de la femineidad ha resultado ser eso, un mito, un frase publicitaria superficial al estilo de “una suavidad que sólo nosotras entendemos”

y lo peor, lo peor de todo, es que los hombres han descubierto, sin género de duda, que las mujeres son tan zafias, sucias, estúpidas y mediocres como ellos; o lo que es lo mismo, al carajo con dos mil años de seudocultura sobre el eterno femenino, beatrices, dueñas, vírgenes, dulcineas y demás sandeces ortopédicas (más…)

el escritor de memoria


18 Mar

rubens - dama españolael escritor de memoria

Le gustaría olvidar, claro, trata de hacerlo, olvidar que ese hombre ahí tendido es exactamente todo aquello que imaginó, tal vez mucho más que eso. Le gustaría olvidar que la fortuna o la casualidad o, por qué no, su empeño, le ganaron su afecto, se lo entregaron como compañero. Le gustaría olvidar que en algún momento de ese viaje conjunto ella voluntariamente decidió abandonar el papel original que tanto había reclamado para averiguar en los camerinos, entre desahuciados, cobardes, muertos. Le gustaría olvidar que nada de eso tiene ya remedio, olvidar que su traición no fue contra nadie excepto contra ella, y que su traición está de vuelta, que lo peor de nosotros siempre regresa para sentarse a mirarnos hasta el fin de los tiempos. A Leda le gustaría olvidar que es culpable, pero no por traicionarlo a él, sino por traicionarse a ella, por servirse de él como testigo para traicionar su propio sueño.

«Perdóname si no he sabido amarte.» Leda introduce la figura en el cajón y coge otra: despacio, pasa los dedos por la superficie, buscando rastros de fractura. «Perdóname si no he sabido amarte», repite; a veces, lo hace así durante horas, infatigable, incesantemente, como la antigua fórmula de un sortilegio. Es verdad que ciertos ejercicios de monotonía anulan la conciencia, el dolor del pensamiento. (más…)

markham


13 Jun

markham

(En Londres; en Tabernacle; dormitorio; noche; él, en pie junto al lecho; ella, inmóvil, tendida, abiertos ciegos los ojos; el cuadro fluctúa: tal vez amanece, tal vez las figuras se quiebran de pronto, y tal vez él alza los brazos, la invoca entre pausas, dice lenguas extrañas, parajes del alma, tal vez sólo imagina variaciones sobre versos ajenos, tal vez concluye su obra, tal vez ella sea apenas decorado, presencia; hasta el fin no habrá descanso.)

Y aunque ya jamás pasearemos tan tarde a la aurora, aunque el alma ondee enamorada y entre tus senos el amor anhele, aunque sigan brillando los besos en el fondo de copas vacías, aunque la noche te espere al acecho y los bosques pronuncien tu nombre, ya jamás pasearemos tan tarde a la aurora.
Porque no es eterna la voz que te anima, ni es tu cuerpo un sendero infinito, porque en ti no hay regreso ni ideal ni objetivo.
Porque nada perdura contra tu piel desvestida, nada te forja que merezca un instante, nada en tus ojos, nada en tu herida.
Porque regresan las luces a este altar del olvido, vuelve el día y vuelve mi nombre, y es la muerte, mujer, es la muerte, muchacha.
Y ya jamás pasearemos tan tarde a la aurora. (más…)

retablo impío


02 Jul

Retablo impío

 

(rústica, 15×21 cm., 98 páginas, papel ahuesado, cubierta a color, cuché plastificado brillo)

«Alejandría se conmovió: el amor de una puta es tierra sagrada. La absolvieron, o la condenaron al destierro. Egipciaca no esperaba menos: cumpliendo la sentencia, se encamina hacia el puerto, se ofrece a los marineros, suplica un lugar en cualquier barcaza. Un viejo capitán la reconoce y la acepta: trama cobrarse el pasaje en el lecho. Parten de madrugada. Por tres noches, ella satisface la deuda; a la cuarta, considera el negocio resuelto y se niega. Contrariado, el capitán se venga: la arroja a la cala: confía en doblegarla. Mediada la travesía, un joven grumete que se encarga de llevarle alimento entrevé sus formas de estatua, las codicia, se apasiona. Ella propicia el desorden; él se compadece y la libera.Es el caos: Egipciaca lo toma allí mismo, lo monta, lo agota sin tregua; acto continuo gana la cubierta, ofrece sus pechos erguidos y persuade a siete: de inmediato, el capitán es arrojado por la borda: instantes después, sobre el puente, en mal equilibrio y a la luna, la orgía se celebra. Aquello supera la palabra: incursos en la vorágine, los hombres descuidan el timón, extravían el rumbo. Tales son los embates, tales las hechuras, hay tanta pasión y vehemencia que la barcaza casi zozobra. Egipciaca busca la muerte, el olvido; sus amantes la abrazan, se extinguen contra su piel encendida; entre uno y otro, ella danza desnuda. (más…)

Sofía Tolstói, Diarios


14 Mar

La mente humana se asemeja al delirio religioso. Los sentidos la manipulan hasta hacerla concebir un entorno amable, pero irreal. La voluntad y la memoria también profesan ese oscuro rito de imposturas. Saben que el tiempo quiebra nuestra resistencia al dolor. Por eso nada nos es mostrado en su forma real, ningún recuerdo se nos revela sin ser atenuado, mentido, mutilado.

Hemos leído con curiosidad perversa los diarios de Sofía Tolstoi, los relativos a su matrimonio con el autor de Guerra y Paz. El texto, muy extenso, arranca a partir de la boda, fija cinco décadas de vida en común, trasciende la muerte de su esposo en 1910 y concluye a dos semanas de su propia extinción, apenas una década después.

Sofía no es escritora, no tiene nada que decir. No la distinguen ni un bello estilo ni una mirada remota. Tampoco lo pretende. Es sólo una mujer que se lamenta por escrito, con cierta elegancia y gran regularidad. Un empeño así rara vez persigue otro designio que el desahogo personal. Este, sin embargo, se revela magnífico, y nos atreveríamos a decir que lo consigue incluso a su pesar.

La literatura concierne al goce privado, intensamente egoísta, diverso para cada lector. Cuatro episodios de enorme placer nos ha deparado el libro; todos ellos relacionados entre sí, y acaso prescindibles para cualquier otro en nuestro lugar. Es justamente ese placer quien nos aconseja reseñarlos, y quizá también desmentirlos. (más…)

josé mª menéndez

porque leer es un arte…