de lo que viene siendo…

25 Mar

goya - viejos comiendo sopael borbonato, la audiencia y el inglés

terminan de condenar al fulano coronel martínez inglés por emputecer el honor del fulano borbón juancar, bautizándolo de tonto del culo, porque tonto del culo por fuerza hubo de nacer quien se jacta de “provenir del testículo derecho del emperador carlomagno, cuando en realidad lo hace de la pérfida bocamanga del genocida franco”

el fallo se configura en multa de a seis mil y tasa ordinaria de parte, mayormente por inflar la especie de que el sobredicho fulano juancar es el último legatario vivo “de la banda de borrachos, puteros, idiotas, descerebrados, cabrones, ninfómanas, vagos y maleantes que a lo largo de los siglos han conformado la foránea estirpe borbónica”

resultó como agravante la bizarra mezcolanza de la comparativa homérica con el refranero popular, verbigracia este ejemplo no menor: “y así como a todo gran marrano le llega su san martín, así a ti, y a toda tu familia y parentela más o menos cercana de enchufados, vagos y maleantes de toda laya, parece ser que está a punto de llegaros”

el texto completo, objeto de escándalo y consiguiente represión, puede leerse en esta página web: http://www.tercerainformacion.es…, también en muchas otras, pero no venimos en esto para favorecer la causa dudosa de recopilar enlaces, especialmente cuando el lector feliz puede hacerlo mejor por cuenta y a su riesgo

sin ánimo de discutir y sin peor afán que el de ejercitar la pluma, hemos de confesar que el artículo nos parece tan afrentoso como un recio apretón de manos, e igual de importuno; todo lo más y puestos a maliciar, apreciamos en él ciertas nociones o alarmas descriptivas en lo general, aunque también adventicias o proféticas en lo particular, si bien somos conscientes de que esto último queda por demostrarse según se corra el tiempo y venga a finar el fulano borbón juancar, presunto en todo como en el agravio

básicamente, la sentencia condenatoria se sostiene sobre estos dos hechos probados, a saber: la intención de ofender aplicable al fulano coronel encausado y la inherente calumnia que de ello se sigue; no obstante y en nuestra opinión, ambas premisas se informan en el ridículo (ni las intenciones son punibles ni las inherencias se constituyen en hechos), y nuestras señorías fallan doblemente al hacerlas suyas, que es lo que acostumbran a hacer las señorías con las premisas en lo oscuro, justo en ausencia de otras luces

en último término, nos tememos que sean la breve pericia retórica de nuestras señorías arrebañadas en sala, junto con su inexistente domino de las ciencias genéticas sucesorias, las únicas razones de un corpus argumental donde se permiten tildar de ofensiva una prosa tímidamente descriptiva, desaliñada, sí, vociferante, también, mediocre, sin duda; pero tan cierto como eso es que escribir con giros de secarral, huérfano de ritmo y sin elegancia ninguna, si bien es género abominable, no incurre en causa de felonía

sostenemos aquí que, a mayores de ineptitud sintáctica, cabe aplicar al fulano coronel inglés la suerte de exceptio veritatis, según advierte el artículo dos cero siete del código penal, cuya recta interpretación exonera de responsabilidad al encausado por delito de calumnias, siempre que alcance a probar aquello que hubiese imputado a otro, ya lo haga motu proprio, ya por noticia de terceros, como efectivamente viene a suceder en este caso, donde dicha probatura resulta dos veces innecesaria por historiada y escrita

y esto nos cabe en razón tras consumar precisas lecturas del texto objeto de inquina, de sus sobreentendidos y sugerencias, concluyendo que ninguna de sus expresiones, ni las más feroces, se han revelado tan desafortunadas como para trascender impropias del borbonato, de sus fulanos en linaje ni de sus hazañas, bien fueran perpetradas en trance singular, bien de a montón, merodeadores y untos de la calle incluidos, visto que es de ley natural que unos vengan a reunirse con los otros en común arroyo y nivel de meninge

goya - tío paqueteotrosí, véase ahora, con alcance y altura intelectual, si no es más cierto frasear largamente en esos o peores términos de felipe el cinco, el somnoliento, hombre de orinal y cama (chiflado entonces, bipolar hoy), o de fernando seis, que heredó el síndrome, y que lo adornó con afición por su amada, con lo que fue a perderse cuando la perdió, de modo que su reinado devino, ya por extravío, ya por omisión, como uno de los más fructíferos que se recuerdan; por lo mismo, qué no rezar de carlos dos por dos, que se manifestó corto, beato, patán, a mayores de cornudo, aunque esto último no debe obrar en su contra, pues es cosa notoria que todos los grandes hombres hemos sido o somos cornudos, y siempre por causa de nuestras virtudes antes que por nuestras carencias

cómo glosar de fernando número siete, que era gañán, era traidor (notables sus maniobras para destronar a su padre —y en esto hay que nombrarlo precursor), era putero, de ninguna higiene, un tipo repugnante en todos los aspectos, con la altura de miras de una cucaracha y el poso emocional de un escorpión; cómo decir de su hija isabel doble, la sucia, la que logró superarlo lo mismo en furor inguinal como en zafiedad intelectual, la que fabulaba con penes enormes en coronados paquetes, la que tuvo doce hijos o se los encontró, y de ninguno supo responder ni ella ni su marido (paquita), cuyas vergüenzas se copleaban al gusto por el madrid de la época: “qué gran problema es en la corte/ averiguar si el consorte,/ cuando acude al excusado,/ mea de pie o mea sentado”

qué contar de fulano alfonso el docenas, el insaciable, el que lo daba todo a todas, siempre dispuesto a empezar y siempre incapaz de terminar, abrazado con más ruinas en la alcoba que con ministros en el gabinete; o de su hijo, el trece, el de aliento a pañal, cuyo culo olía mejor que su boca según el críptico mentís de los prostíbulos, adonde invariablemente acudía pertrechado con sus propias sábanas negras, por no dejar huella, dar ambiente y favorecer la nitidez grupal; qué murmurar de los terceros, de los palanganeros, de los primos, de los adosados, de los cortesanos, del gran lupanar, la primera y auténtica gran parada regia de los monstruos, todos afectos a la plétora endogámica, cuántos relegados por la tara, la hemofilia, el prognatismo, la alucinación sexual

verdad que nuestras señorías, de haberse asesorado como conviene a su oficio y con igual afán con que deponen en sus alarmas, hubieran venido en conocimiento de lo que los siglos han tenido por justo plasmar en nociones de uso básico para cualquier arqueólogo aficionado a las momias, cualquier psiquiatra, cualquier forense o transeúnte ilustrado; y como consecuencia de ello, al fin bien enterados de la trama patológica a que alude y sobre la que se demora el fulano coronel inglés en su diatriba, nuestras señorías, en audiencia o de a uno, habrían visto claro lo procedente de dar al cesto con el caso, sobreseyéndolo o dilapidándolo, según la hora del día y según sus leales antojaderas

ahora bien, no se siga de esto juicio por nuestra parte de que el borbonato en conjunto y su actual fulano juancar en la actualidad sean acreedores de toda suerte de barbaries redactadas a discreción, prédicas de vino y cuartel con menos pericia que rabia; sin ir más lejos, nosotros mismos contamos entre nuestro linaje con puteros finos, traficantes, dos obispos, un imputado, tres tontos, así como un concejal de urbanismo (baldón nobiliario harto difícil de escamotear); somos, en efecto, muy conscientes de que hasta en las mejores familias cuecen habas, pero igualmente somos conscientes de que en el borbonato vienen de siglos cociéndolas a cuenta del erario, sin tope y por la cara

y eso, sus señorías de audiencia y de nacional, jode y encabrona y sodomiza, y aunque a ustedes no se lo parezca ni lo tasen en justiprecio de atenuante, y aunque no falten súbditos que acuden al tratamiento hasta el punto de recibirlo con la beatitud de una barragana, aunque todavía suframos de tontos de diezmo y de tontos ofrecidos al peso y por millones, obviamente, no es ése nuestro caso, de modo que venimos a decírselo con todo el respeto que ustedes y su condición distinta nos merecen, un respeto dijéramos poético, leve y acaso transitivo, muy semejante en todo al cuido y sutil manera con que presentamos el papel al culo cada mañana en nuestro excusado de nuestro real domicilio

© 2013, jmml

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One Response

  1. Paula Nogales (@paula_canarias) dice:

    Hay que decirlo más…

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josé mª menéndez

porque leer es un arte…