crónicas

30 Jul

oswaldo guayasamin el gritode la rex pública

Cualquier clase de vocación política y a cualquier edad debería ser diagnosticada como síntoma de enfermedad mental y urgentemente tratada como tal. Hasta el más equilibrado de los hombres reconoce que toda una vida apenas si es suficiente para alcanzar a gobernarse a uno mismo. Cabe preguntarse entonces qué clase de delirio alienta en quien se cree llamado a gobernar a los demás.

El gobierno de los pueblos, saludablemente reducido a meras tareas de gestión, debería configurarse mediante sorteo entre gentes de probada capacidad en su desempeño particular, debería representar una carga antes que un logro social y debería suponer un coste para el patrimonio personal del responsable caso de resultar pérdidas económicas o de otro tipo por causa de sus decisiones. El gobierno de los pueblos vendría así a alcanzarse por azar, resultar oneroso para el afortunado y gratuito para la sociedad. Quizá de ese modo el único propósito de nuestros ocasionales representantes fuera hacerlo bien y hacerlo pronto para marchar de allí cuanto antes y regresar a la gestión de sus propios intereses sin haber perdido en el ejercicio público nada más que unos pocos años de su tiempo.

© 2016, jotamml

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josé mª menéndez

porque leer es un arte…