Archive for the ‘relato’ Category

cuentos de otros


23 Jun

adriaen van ostade - el maestro de escuelacuento de una novela (fragmento)

La escuela huele a leña seca; las tablas del suelo, grises durante el invierno, parecen reverdecer de pronto, brillantes en las zonas de paso. Es abril, el primer día, la primera semana. El maestro está sentado en su mesa mientras espera; como de costumbre, tiene un libro abierto entre las manos. Las risas infantiles y el latido de la madera bajo las pisadas alcanzan la tarima y lo envuelven como un aura. Los niños se apresuran entre los pupitres, estorbándose para ocupar sus puestos. El maestro finge severidad mientras observa, feliz en su interior, cómo se va apaciguando el alboroto que inicia la jornada.

Quedan sitios libres ahora: la clase ha perdido alumnos, entre los mayores sobre todo. Ésos ya no volverán ni serán relevados por los que vengan de fuera, tampoco tres de los pequeños. El maestro se obliga a contar uno por uno los huecos vacíos, lo hace despacio, como si fueran heridas abiertas en su propio cuerpo: siente el aire frío pasar y demorarse a través de ellas, escucha sus voces todavía, dice sus nombres, los recuerda a todos. No se lamenta, no cree tener ese derecho: en realidad, el lugar nunca ha estado en disputa, las bajas han sido muy pocas comparadas con las sufridas por otros pueblos. (más…)

retablo impío


02 Jul

Retablo impío

 

(rústica, 15×21 cm., 98 páginas, papel ahuesado, cubierta a color, cuché plastificado brillo)

«Alejandría se conmovió: el amor de una puta es tierra sagrada. La absolvieron, o la condenaron al destierro. Egipciaca no esperaba menos: cumpliendo la sentencia, se encamina hacia el puerto, se ofrece a los marineros, suplica un lugar en cualquier barcaza. Un viejo capitán la reconoce y la acepta: trama cobrarse el pasaje en el lecho. Parten de madrugada. Por tres noches, ella satisface la deuda; a la cuarta, considera el negocio resuelto y se niega. Contrariado, el capitán se venga: la arroja a la cala: confía en doblegarla. Mediada la travesía, un joven grumete que se encarga de llevarle alimento entrevé sus formas de estatua, las codicia, se apasiona. Ella propicia el desorden; él se compadece y la libera.Es el caos: Egipciaca lo toma allí mismo, lo monta, lo agota sin tregua; acto continuo gana la cubierta, ofrece sus pechos erguidos y persuade a siete: de inmediato, el capitán es arrojado por la borda: instantes después, sobre el puente, en mal equilibrio y a la luna, la orgía se celebra. Aquello supera la palabra: incursos en la vorágine, los hombres descuidan el timón, extravían el rumbo. Tales son los embates, tales las hechuras, hay tanta pasión y vehemencia que la barcaza casi zozobra. Egipciaca busca la muerte, el olvido; sus amantes la abrazan, se extinguen contra su piel encendida; entre uno y otro, ella danza desnuda. (más…)

josé mª menéndez

porque leer es un arte…