Archive for the ‘novela’ Category

libro de la pausa


01 Mar

locurala conjura de los treinta y seis (fragmento)

—La oferta, los treinta y seis… Cuando uno llega a esa clase de formulaciones, uno interioriza que lo mismo importa aquello como su contrario, de modo que uno valora las propuestas por lo que tienen de sugestivas, disparatadas si lo prefiere, no por su entraña ética o por su trascendencia, y ni siquiera por los beneficios que puedan reportarle.

—¿Qué oferta? ¿Qué?…

—Usted sabe.

—¿Yo?…

—Uno es escritor o cualquier otra cosa semejante, ya le dije; uno cree que debe configurar sus actos a la medida de su razón estética; uno apuesta porque esa es la materia de la que está hecho; de ahí que uno emplee todo su… —y abrió los brazos con el ademán de quien da un tema por agotado—: Pero sobre esto ya hablamos: de la luz que ciega, de la caída, de que muy pocos se incorporan… Usted ya sabe… (más…)

memoria del odio


27 Nov

memoria del odio web

«A amar se aprende, hijo»

Las órdenes fueron obedecidas: se planificó la estrategia y se dispusieron los medios. En días sucesivos, decenas de emisarios salieron a caballo para divulgar la noticia. Eran soldados, los mejores jinetes, los más audaces, pero su oscura embajada los precedió, y en ninguna parte del territorio lograron beneficio. Llamaron a las puertas de los magos y de los hechiceros: primero, los tentaron con oro a cambio de su ciencia; más tarde, amenazaron con vengarse de quienes rehusaran. La mayoría escuchaban la oferta y se alejaban tras oponer su ignorancia; quienes aceptaban, intimidados o por la fuerza, huían durante el viaje, o desaparecían antes de emprenderlo, sin que nadie supiese dar cuenta de sus razones ni de su paradero.

Infatigables, los soldados cruzaron las montañas y acudieron a otros reinos. Visitaron cuevas habitadas por dioses cincelados en piedra; vivieron entre ellos, apelaron a su juicio y recibieron el desprecio por respuesta. Hubo quien se obligó a frecuentar a los eruditos y a escucharlos: pero regresó al palacio sin más resultado que un diario indescifrable. Hubo quien, siguiendo misteriosas indicaciones, llegó hasta las columnas de pórfido que franquean el oráculo de todo conocimiento, traspuso el umbral y suplicó ayuda: pero el silencio y la palidez de los mármoles consumieron su paciencia. (más…)

el escritor de memoria


18 Mar

rubens - dama españolael escritor de memoria

Le gustaría olvidar, claro, trata de hacerlo, olvidar que ese hombre ahí tendido es exactamente todo aquello que imaginó, tal vez mucho más que eso. Le gustaría olvidar que la fortuna o la casualidad o, por qué no, su empeño, le ganaron su afecto, se lo entregaron como compañero. Le gustaría olvidar que en algún momento de ese viaje conjunto ella voluntariamente decidió abandonar el papel original que tanto había reclamado para averiguar en los camerinos, entre desahuciados, cobardes, muertos. Le gustaría olvidar que nada de eso tiene ya remedio, olvidar que su traición no fue contra nadie excepto contra ella, y que su traición está de vuelta, que lo peor de nosotros siempre regresa para sentarse a mirarnos hasta el fin de los tiempos. A Leda le gustaría olvidar que es culpable, pero no por traicionarlo a él, sino por traicionarse a ella, por servirse de él como testigo para traicionar su propio sueño.

«Perdóname si no he sabido amarte.» Leda introduce la figura en el cajón y coge otra: despacio, pasa los dedos por la superficie, buscando rastros de fractura. «Perdóname si no he sabido amarte», repite; a veces, lo hace así durante horas, infatigable, incesantemente, como la antigua fórmula de un sortilegio. Es verdad que ciertos ejercicios de monotonía anulan la conciencia, el dolor del pensamiento. (más…)

markham


19 Jul

markham

(En Londres; en Tabernacle; dormitorio; noche; él, pronto memoria de ella: el intruso profana las tablas a tiempo de contemplar el sacrificio; el hacedor se incorpora, concluye la escena, el acto prosigue; hasta el fin no habrá descanso.)

Se atrevió a remover el agua de mi estanque.

 

Subió a la acera y se amparó junto a los edificios. Entorpecido el esplendor de la luna, la sombra desapareció. El intruso tomó aliento, su mano se relajó sobre el metal.
Avanzó: Farringdon al fondo, en breve el ferrocarril y Aldersgate, y… Se detuvo, inquieto… Quizá… Pero no: imposible.
El intruso empuñó el revólver: dio varios pasos mientras escuchaba.
En las estribaciones del siguiente cruce, nítida, la sombra regresó.
A su espalda, más atrás, la réplica ominosa de su propio caminar.
El intruso tensó los músculos.
La réplica progresó.
El intruso crispó el dedo sobre el gatillo.
Múltiple, su sombra se bifurcó entonces a sus pies.
Y a su espalda, tan cerca.
Tardó apenas en volverse, esgrimiendo el arma.
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el escritor de memoria


15 Jun

el escritor de memoria

martes, 13: he rehuido el enfrentamiento directo: ella lo provoca para afirmarse: hasta en eso se ha convertido en un parásito; me he ido a la cama, me he masturbado para relajarme; a la media hora ella ha aparecido y ha empezado a acariciarme; hemos follado; la he penetrado por detrás, luego la he masturbado; se ha corrido seis o siete veces; al hacerlo, su boca abierta y su lengua eran como un gran sexo humedecido explorando mi rostro y mi cuello; es como siempre, fácil

miércoles, 14: nada de particular, un día corriente; es como si el sexo la aplacase: tengo que comprobarlo, anotar los tiempos
por la noche follamos, es decir, la follo, o me masturbo, no sabría: la monto y trato de correrme cuanto antes: no me preocupo en absoluto de si siente algo ni me importa; podría hacerlo durante horas, demorarme en su cuerpo, pero no tengo ganas; lo peor, lo más desagradable es que intuyo que le gusta esa sensación de ser usada

el escritor de memoria (fragmento)
© 2012, jmml

markham


13 Jun

markham

(En Londres; en Tabernacle; dormitorio; noche; él, en pie junto al lecho; ella, inmóvil, tendida, abiertos ciegos los ojos; el cuadro fluctúa: tal vez amanece, tal vez las figuras se quiebran de pronto, y tal vez él alza los brazos, la invoca entre pausas, dice lenguas extrañas, parajes del alma, tal vez sólo imagina variaciones sobre versos ajenos, tal vez concluye su obra, tal vez ella sea apenas decorado, presencia; hasta el fin no habrá descanso.)

Y aunque ya jamás pasearemos tan tarde a la aurora, aunque el alma ondee enamorada y entre tus senos el amor anhele, aunque sigan brillando los besos en el fondo de copas vacías, aunque la noche te espere al acecho y los bosques pronuncien tu nombre, ya jamás pasearemos tan tarde a la aurora.
Porque no es eterna la voz que te anima, ni es tu cuerpo un sendero infinito, porque en ti no hay regreso ni ideal ni objetivo.
Porque nada perdura contra tu piel desvestida, nada te forja que merezca un instante, nada en tus ojos, nada en tu herida.
Porque regresan las luces a este altar del olvido, vuelve el día y vuelve mi nombre, y es la muerte, mujer, es la muerte, muchacha.
Y ya jamás pasearemos tan tarde a la aurora. (más…)

la escritura infinita


05 Mar

La escritura infinita

Si el honor y la sabiduría y la felicidad no son para mí, que sean para otros. Que el cielo exista, aunque mi lugar sea el infierno.

J. L. Borges, La Biblioteca de Babel

La red (que otros llaman la nube) es redundante; se compone de un número impreciso de pares de cobre y cables de fibra óptica, conectados entre sí y con el resto mediante puestos de control, donde equipos informáticos normalizados, aunque de muy diversa capacidad de proceso, verifican los protocolos y cierran los circuitos. En cada puesto, un individuo o varios participan libremente: algunos sólo miran o se asoman, otros ejercen funciones que van de la mera vigilancia, pasando por el filtrado de datos, hasta llegar, señalados por la excelencia, a la creación e introducción de contenidos. Desde cualquiera de esos puestos es factible comunicar con sus equivalentes, en cualquier momento, a cualquier distancia, sin más criterio que la curiosidad o el deseo, y sin que las sesiones así establecidas deban circunscribirse a un grupo de interlocutores o transcurrir en un intervalo de tiempo prefijado. Los enlaces no son unívocos, pueden desarrollarse a través de pares y fibras diferentes, procurando que ello no minore su eficacia ni modifique los resultados. La combinatoria predice que la cantidad máxima de esos enlaces tiende a limitarse, pero en la práctica y para todo valor real, nadie ha podido demostrarlo, tampoco proponer un modelo matemático lo suficientemente estable donde ensayar esa u otra conjetura.  (más…)

el espejo doble


07 Jun

—Le diré que el asunto me parece trivial —dijo, sin mirarme—. Esto que me cuenta, estas oscuras reflexiones junto con la melancolía adonde acude a refugiarse cada vez que detecta un atisbo de esperanza en su ánimo…, en fin… Temo que, o bien su sufrimiento se ha vuelto insoportable y precisa entonces de mejor médico, o bien obtiene con ello alguna clase de goce secreto cuya intensidad es mayor de lo que parece estar dispuesto a confesar. Dejo a su criterio el rigor o el desacierto de mi diagnóstico sobre lo primero; en cuanto a lo segundo, y si nos ceñimos a la literatura, yo no creo que haya que cultivar los signos externos de la fatalidad, o acceder a un estado sensible en particular o a un entorno igualmente específico. Ese mundo de la inspiración me enfada tanto como me divierte, lo tengo por una mera filfa, propia de pedantes y de tarados, gente inservible y de ordinario molesta. El hecho de obtener algo de la nada infringe por igual las leyes de la termodinámica como las del buen sentido, y si me apura, supongo que hasta las del buen gusto. (más…)

la conjura de los treinta y seis


14 May

Escúchame entonces: volver al lugar donde creímos razonable nuestra esperanza, corregir desde allí cada paso equivocado que nos alejó del resto; he ahí mi ejemplo: asumir que a todos nos cumple la hora y el destino se nos revela a través de un antagonista con más talento y menos que perder de lo que nosotros estamos dispuestos; asumir que nuestros labios y nuestras manos olvidarán la destreza primera y acabarán por vacilar sobre el papel en el que se justifican, las frases ya no se acumularán frente a los ojos a la espera de su turno en la tinta, muchas palabras sabrán de la arbitrariedad usada al escogerlas y retrocederán avergonzadas para enmudecer en secreto, luego huirán a cualquier parte haciendo lo imposible por refugiarse lejos de nuestra imaginación, a salvo de nuestros empeños, y con ellas, desde los huecos que vayan dejando, apenas adheridos como besos sobre la piel seca, el amor y las ideas irán poco a poco desprendiéndose hasta caer y desvanecerse en la superficie de un blanco mar inmóvil, sin dejar más estela que la confusión desolada de quien ha perdido algo irreemplazable y no recuerda lo que era.

Llegar a eso, dar batalla por un sueño para acabar ahogándose en la propia memoria y no saberlo. ¿Qué importan entonces esos tipos del fondo, el de las sombras, su triste ceremonia entre iguales? ¿Qué importa el camarero, (más…)

josé mª menéndez

porque leer es un arte…