Archive for the ‘narrativa’ Category

retablo impío


02 jul

Retablo impío

(rústica, 15×21 cm., 98 páginas, papel ahuesado, cubierta a color, cuché plastificado brillo)

«Alejandría se conmovió: el amor de una puta es tierra sagrada. La absolvieron, o la condenaron al destierro. Egipciaca no esperaba menos: cumpliendo la sentencia, se encamina hacia el puerto, se ofrece a los marineros, suplica un lugar en cualquier barcaza. Un viejo capitán la reconoce y la acepta: trama cobrarse el pasaje en el lecho. Parten de madrugada. Por tres noches, ella satisface la deuda; a la cuarta, considera el negocio resuelto y se niega. Contrariado, el capitán se venga: la arroja a la cala: confía en doblegarla. Mediada la travesía, un joven grumete que se encarga de llevarle alimento entrevé sus formas de estatua, las codicia, se apasiona. Ella propicia el desorden; él se compadece y la libera.Es el caos: Egipciaca lo toma allí mismo, lo monta, lo agota sin tregua; acto continuo gana la cubierta, ofrece sus pechos erguidos y persuade a siete: de inmediato, el capitán es arrojado por la borda: instantes después, sobre el puente, en mal equilibrio y a la luna, la orgía se celebra. Aquello supera la palabra: incursos en la vorágine, los hombres descuidan el timón, extravían el rumbo. Tales son los embates, tales las hechuras, hay tanta pasión y vehemencia que la barcaza casi zozobra. Egipciaca busca la muerte, el olvido; sus amantes la abrazan, se extinguen contra su piel encendida; entre uno y otro, ella danza desnuda. (más…)

Sofía Tolstói, Diarios


14 mar

La mente humana se asemeja al delirio religioso. Los sentidos la manipulan hasta hacerla concebir un entorno amable, pero irreal. La voluntad y la memoria también profesan ese oscuro rito de imposturas. Saben que el tiempo quiebra nuestra resistencia al dolor. Por eso nada nos es mostrado en su forma real, ningún recuerdo se nos revela sin ser atenuado, mentido, mutilado.

Hemos leído con curiosidad perversa los diarios de Sofía Tolstoi, los relativos a su matrimonio con el autor de Guerra y Paz. El texto, muy extenso, arranca a partir de la boda, fija cinco décadas de vida en común, trasciende la muerte de su esposo en 1910 y concluye a dos semanas de su propia extinción, apenas una década después.

Sofía no es escritora, no tiene nada que decir. No la distinguen ni un bello estilo ni una mirada remota. Tampoco lo pretende. Es sólo una mujer que se lamenta por escrito, con cierta elegancia y gran regularidad. Un empeño así rara vez persigue otro designio que el desahogo personal. Este, sin embargo, se revela magnífico, y nos atreveríamos a decir que lo consigue incluso a su pesar.

La literatura concierne al goce privado, intensamente egoísta, diverso para cada lector. Cuatro episodios de enorme placer nos ha deparado el libro; todos ellos relacionados entre sí, y acaso prescindibles para cualquier otro en nuestro lugar. Es justamente ese placer quien nos aconseja reseñarlos, y quizá también desmentirlos. (más…)

la escritura infinita


05 mar

La escritura infinita

Si el honor y la sabiduría y la felicidad no son para mí, que sean para otros. Que el cielo exista, aunque mi lugar sea el infierno.

J. L. Borges, La Biblioteca de Babel

La red (que otros llaman la nube) es redundante; se compone de un número impreciso de pares de cobre y cables de fibra óptica, conectados entre sí y con el resto mediante puestos de control, donde equipos informáticos normalizados, aunque de muy diversa capacidad de proceso, verifican los protocolos y cierran los circuitos. En cada puesto, un individuo o varios participan libremente: algunos sólo miran o se asoman, otros ejercen funciones que van de la mera vigilancia, pasando por el filtrado de datos, hasta llegar, señalados por la excelencia, a la creación e introducción de contenidos. Desde cualquiera de esos puestos es factible comunicar con sus equivalentes, en cualquier momento, a cualquier distancia, sin más criterio que la curiosidad o el deseo, y sin que las sesiones así establecidas deban circunscribirse a un grupo de interlocutores o transcurrir en un intervalo de tiempo prefijado. Los enlaces no son unívocos, pueden desarrollarse a través de pares y fibras diferentes, procurando que ello no minore su eficacia ni modifique los resultados. La combinatoria predice que la cantidad máxima de esos enlaces tiende a limitarse, pero en la práctica y para todo valor real, nadie ha podido demostrarlo, tampoco proponer un modelo matemático lo suficientemente estable donde ensayar esa u otra conjetura.  (más…)

epistolares ii


21 sep

Querido Dumouchel:

Estima su ilustrísima con largueza, me temo. A día de hoy, no estoy al tanto de dicho lance, o, al menos, no lo estaba. Esto que me cuenta…, ¿cómo diría?…, me deja aterido, sin habla, al punto que no me cabe imaginarlo en esa doble derrama, precisamente usted, tan frugal en lo económico y tan austero en el paño. Vea que no le digo más excepto que nada tengo concertado con madame sino es de aquí a siete días, de modo que sea quizá por eso que viene a errar en la cita, sin que yo pueda hacer otra cosa que adherirme a su causa y aguardar a que resuelva.

Por descontado que, aunque me sorprende el descuido, bien lo disculpo, pues de sobra conozco la turbación e intensidad de los escolios a que se refiere su ilustrísima, siendo así que muy templado ha de ser el hombre capaz de mantener los dedos quietos desalojo mediante. (más…)

fiscales


10 jun

El señor Eufemiano Gómez, varón de mérito, y ciudadano al corriente de sus pagos, comparece en atención de sus obligaciones y declara ante este tribunal a cuenta del asombroso desafuero de que ha sido objeto, y que interesa a una doble sodomización en su persona, verificada con nocturnidad, con alarde vociferante y por una turba de facinerosos beodos y otra de gañanes sin oficio conocido.

Como prueba primera del agravio anteriormente descrito, el señor Eufemiano es intimado a presentar su trasero, el cual aparece visiblemente trajinado y sobre cuya geografía, no pequeña, se observan diversas escoriaciones y otras llagas menores, todas ellas producto, según él, tanto del afán de sus asaltantes como de su poca pericia en el lance (no le es posible a este tribunal precisar si esta poca pericia la víctima la predica de sí misma o interesa a los culpables).

Con todo y no quedando duda razonable de los hechos, a pregunta fundada del secretario, hace constar el señor Eufemiano que, aledaños al incidente, sufre notables dolores de cabeza, aversión a los paseos nocturnos que llevaba a cabo como disciplina higiénica, y un creciente desinterés en relacionarse con el sexo opuesto. (más…)

el espejo doble


07 jun

—Le diré que el asunto me parece trivial —dijo, sin mirarme—. Esto que me cuenta, estas oscuras reflexiones junto con la melancolía adonde acude a refugiarse cada vez que detecta un atisbo de esperanza en su ánimo…, en fin… Temo que, o bien su sufrimiento se ha vuelto insoportable y precisa entonces de mejor médico, o bien obtiene con ello alguna clase de goce secreto cuya intensidad es mayor de lo que parece estar dispuesto a confesar. Dejo a su criterio el rigor o el desacierto de mi diagnóstico sobre lo primero; en cuanto a lo segundo, y si nos ceñimos a la literatura, yo no creo que haya que cultivar los signos externos de la fatalidad, o acceder a un estado sensible en particular o a un entorno igualmente específico. Ese mundo de la inspiración me enfada tanto como me divierte, lo tengo por una mera filfa, propia de pedantes y de tarados, gente inservible y de ordinario molesta. El hecho de obtener algo de la nada infringe por igual las leyes de la termodinámica como las del buen sentido, y si me apura, supongo que hasta las del buen gusto. (más…)

remitidos


24 may

Señor mío, se dirige usted a mí en términos de una liberalidad y atrevimiento tales que no puedo menos de pensar que nos conocemos.

Por otra parte, es notorio para mí que no tengo relación con ningún señor con bigote, como es su caso, y tampoco acostumbro a mantener conversaciones de semejante tono sobre vergas enhiestas, juanetes, gayolas, mástiles, masteleros y demás parafernalia marinera.

Ello no obstante, si lo que usted desea es una mutua inteligencia en la cala, hágame saber de sus habilidades, de cuáles son y de cómo las verifica, así como de si entra en contienda sin correajes, a tonel quitado o juntamente con otros en la amura de proa.

Suyo de usted, el sobrecargo.

«Billete encontrado en la taleguilla de popa, en uno de los cuartos de oficiales, de un galeón español hundido junto a las Barbados, en 1654. Museo Episcopal de Toledo. Colección privada del obispado»

© 2010,  jmml


la conjura de los treinta y seis


14 may

Escúchame entonces: volver al lugar donde creímos razonable nuestra esperanza, corregir desde allí cada paso equivocado que nos alejó del resto; he ahí mi ejemplo: asumir que a todos nos cumple la hora y el destino se nos revela a través de un antagonista con más talento y menos que perder de lo que nosotros estamos dispuestos; asumir que nuestros labios y nuestras manos olvidarán la destreza primera y acabarán por vacilar sobre el papel en el que se justifican, las frases ya no se acumularán frente a los ojos a la espera de su turno en la tinta, muchas palabras sabrán de la arbitrariedad usada al escogerlas y retrocederán avergonzadas para enmudecer en secreto, luego huirán a cualquier parte haciendo lo imposible por refugiarse lejos de nuestra imaginación, a salvo de nuestros empeños, y con ellas, desde los huecos que vayan dejando, apenas adheridos como besos sobre la piel seca, el amor y las ideas irán poco a poco desprendiéndose hasta caer y desvanecerse en la superficie de un blanco mar inmóvil, sin dejar más estela que la confusión desolada de quien ha perdido algo irreemplazable y no recuerda lo que era.

Llegar a eso, dar batalla por un sueño para acabar ahogándose en la propia memoria y no saberlo. ¿Qué importan entonces esos tipos del fondo, el de las sombras, su triste ceremonia entre iguales? ¿Qué importa el camarero, (más…)

notorias


04 may

Sepa su ilustrísima que Olmo regresó ayer, muy colorado y con gran angustia. Yo traté de tranquilizarlo, pero él estaba como fuera de sí, y no paraba de tomar agua y de dar vueltas alrededor de la mesa. En éstas se me vino, maldijo y empezó a gritar: «¡Si es trino es dúo, digo, y si es dúo, por fuerza y por acumulación ha de ser cuarteta!»

Traté de calmarlo como supe, pero supe mal, porque se creció en el desvarío y vino a dar el resto: «De lo dicho se sigue que también ha de ser nono, y así en lo seguido, hasta el no término ¡deus ex mathematica!»

Y he aquí su ilustrísima cuando cobré en mí y le propiné el silletazo, que fue asistido luego con un segundo golpe de la mesa y un tercero, sólido, con un hierro que tuve a mano, y que me pareció definitivo, pero que no pude menos de completar, por asegurarme, con la caída desde la torre de la cual os han informado.

Su ilustrísima verá ahora si yo pensé bien al concluir que esta nueva corriente de racionalizar lo divino no puede aparejar cosa buena, excepto que cualquier contable con ínfulas se pretenda entendido en asuntos teológicos.

Y esto es todo lo que cabe al asunto, ilustrísima, excepto añadir que Olmo parece recuperarse con bien del tratamiento, aunque todavía algo torpe en sus desplazamientos.

Suyo, Basanto.

(Breve remitido con ocasión del incidente. Correspondencia personal del obispo Naponi, carta número 83, Milán, 1631)

© 2010,  jmml


adventicias


19 abr

De modo que en estas altas ocasiones y en estos solemnes edificios, no habiendo previsto el arquitecto lugar más apropiado, búsquese el cajón de una cómoda o similar en lo tocante a lo menor, que lo mayor cabe sustanciarse sin apuro en la trasera de una puerta. Por lo mismo, y en procura de la necesaria intimidad que requiere el menester, se encarece al oficiante para que haga alarde de cuanta sea su destreza y aun diligencia en la maniobra, evitando ser sorprendido a todo lo largo del proceso. No obstante y darse esta última circunstancia, el sobredicho oficiante, ya sea joven y meritorio, ya acreditado pisaverde, y tanto si es visto como si ve, que para ambas contingencias ha de prevenirse, debe reaccionar al vuelo, sin pérdida de tiempo, volviendo el rostro o apresurando el paso según convenga, y siempre haciendo como si el asunto no fuera con él.

(De modus cacandi palatinum —De la manera de cagar en palacio—, fragmento, biblioteca particular de la reina, Londres, hacia 1523.)

© 2010,  jmml


bronquiles


12 abr

Y así, no veo el día de vuestro regreso, tío, pues hoy mismo, don Nuño, queriendo escarmentar al panadero, le ha salido al encuentro, lo ha derribado con un palo y la ha emprendido a meterle una barra de libra por el culo. «¡Por la patria —gritaba—, por la patria, cabronazo, toma miga!» Lo cual no entendí ni me atreví a preguntar luego a qué obedecía.

A fe que son brutos estos españoles, tío, y no puedo menos que espantarme de sus modales, pues no hay cuita que justifique semejante envergadura, siendo además que el panadero se me hizo poca cosa en cuerpo, y nada o ninguna en grupa, de modo que no me pareció que fuera a dar cabida.

(Museum House Moore. Fragmento legible de una página arrancada al diario de Lindsay Clark, estudiante. Stratford-upon-Avon,1610.)

© 2010,  jmml


epistolares


26 mar

Dilecto Faverges:

Estimo que ya estará usted al tanto de mi última brega. La pasada noche, pues, yací con madame Tardivel doblemente gozoso, dándole yo lo suyo a la grupa y ella lo mío y lo de otra, que no pudo unirse a última hora, pese al acuerdo a que habíamos llegado en previas.

Exhausto y doblemente vertido, en un tercer lance a manera de escolio, vine a agitarme todo sin tasa, originándose de ello la pérdida del anillo que usted tan bien conoce, y que fue a parar, creo, al pliegue entre el cabecero y el bastidor de la cama.

Como las circunstancias quisieron de mi desalojo inmediato y allí hube de dejarlo, como me es tan necesario y de tanto compromiso su ausencia, y como sé que vos, Faverges, acudís hoy junto con otros a redimir a madade de mis cargas, me atrevo, en nombre de la antigua amistad que nos une, a suplicaros que, aun rompiendo el protocolo, dejéis de un lado a los vuestros y os adelantéis primero en el lecho,  juntamente con madame, de modo que teniéndola luego en lo alto del goce, justo en el momento de pérdida y decaimiento, introduzcáis la mano con sigilo en el citado pliegue del cabecero, y veáis así de rescatar el ofuscado anillo sin que ella caiga en la cuenta ni otro que por allí se ande lo sospeche o lo vea. (más…)

josé mª menéndez

porque leer es un arte…