breves

05 Sep

Dorian Grayalucinaciones políticas

la farsa de la política radica menos en su práctica que en el hecho de posibilitar la creación de una clase social dedicada a ella, una clase de inútiles totales para cualquier otra cosa que no sea garantizar sus privilegios y transmitirlos a toda costa

la tarea de organizar las sociedades humanas debiera contemplarse como un trabajo eventual y penoso, como los deberes de un niño, de manera que su mala realización implicase costes para el infractor

el hecho de que la política de partidos se configure en el único desempeño humano donde la ineptitud, la mentira consciente y la maldad continuada permiten a un individuo medrar entre el conjunto, y que ese desempeño sea socialmente tolerado, no tienen explicación sino desde la absoluta desidia de los ciudadanos, o desde su entera corrupción moral

el propio concepto de partido político y de que la gestión pública no pueda desarrollarse si no es a través de ese partido abocan necesariamente al individuo a anteponer los intereses del grupo donde se integra antes que los de los votantes a los que representa

cualquier ciudadano tiene el derecho de ofrecerse a los suyos como representante, y de hacerlo libremente, sin intermediarios que decidan sobre su aptitud o su valía; un elector tiene el derecho de elegir, no el de aceptar o rechazar la elección de otros; un elector tiene el derecho de designar directamente a su representante, de tratar con él, de ratificarlo o de retirarle su confianza, sin que nadie, ninguna asociación o poder fáctico de cualquier tipo puedan dirigir ni modificar ni intermediar en esa relación

un elector debe imponer su representante a un partido político, jamás a la inversa

el principio de responsabilidad individual debería prevalecer en cualesquiera desempeños humanos; un político nunca puede ampararse en el entorno de su partido para acallar su conciencia: no debería existir tal cosa como el voto de partido por la misma razón que no existe tal figura penal como la culpabilidad genérica

en política, un hombre debe poder defender sus ideas y sus proyectos sin más obligaciones que las libremente pactadas con aquellos que le han elegido y a quienes representa

como representante del pueblo, y en tanto ejerce esa función frente a terceros, un político es el primero entre los suyos; concluida esa embajada, de regreso y rindiendo cuantas ante esos mismos que lo han elegido, es el último, y tales deben ser sus derechos

© 2006, jmml

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josé mª menéndez

porque leer es un arte…