Archive for marzo, 2013

de lo que viene siendo…


25 Mar

goya - viejos comiendo sopael borbonato, la audiencia y el inglés

terminan de condenar al fulano coronel martínez inglés por emputecer el honor del fulano borbón juancar, bautizándolo de tonto del culo, porque tonto del culo por fuerza hubo de nacer quien se jacta de “provenir del testículo derecho del emperador carlomagno, cuando en realidad lo hace de la pérfida bocamanga del genocida franco”

el fallo se configura en multa de a seis mil y tasa ordinaria de parte, mayormente por inflar la especie de que el sobredicho fulano juancar es el último legatario vivo “de la banda de borrachos, puteros, idiotas, descerebrados, cabrones, ninfómanas, vagos y maleantes que a lo largo de los siglos han conformado la foránea estirpe borbónica”

resultó como agravante la bizarra mezcolanza de la comparativa homérica con el refranero popular, verbigracia este ejemplo no menor: “y así como a todo gran marrano le llega su san martín, así a ti, y a toda tu familia y parentela más o menos cercana de enchufados, vagos y maleantes de toda laya, parece ser que está a punto de llegaros” (más…)

el escritor de memoria


18 Mar

rubens - dama españolael escritor de memoria

Le gustaría olvidar, claro, trata de hacerlo, olvidar que ese hombre ahí tendido es exactamente todo aquello que imaginó, tal vez mucho más que eso. Le gustaría olvidar que la fortuna o la casualidad o, por qué no, su empeño, le ganaron su afecto, se lo entregaron como compañero. Le gustaría olvidar que en algún momento de ese viaje conjunto ella voluntariamente decidió abandonar el papel original que tanto había reclamado para averiguar en los camerinos, entre desahuciados, cobardes, muertos. Le gustaría olvidar que nada de eso tiene ya remedio, olvidar que su traición no fue contra nadie excepto contra ella, y que su traición está de vuelta, que lo peor de nosotros siempre regresa para sentarse a mirarnos hasta el fin de los tiempos. A Leda le gustaría olvidar que es culpable, pero no por traicionarlo a él, sino por traicionarse a ella, por servirse de él como testigo para traicionar su propio sueño.

«Perdóname si no he sabido amarte.» Leda introduce la figura en el cajón y coge otra: despacio, pasa los dedos por la superficie, buscando rastros de fractura. «Perdóname si no he sabido amarte», repite; a veces, lo hace así durante horas, infatigable, incesantemente, como la antigua fórmula de un sortilegio. Es verdad que ciertos ejercicios de monotonía anulan la conciencia, el dolor del pensamiento. (más…)

josé mª menéndez

porque leer es un arte…